El Semáforo Inteligente es una técnica que facilita la construcción y el mantenimiento de un apego seguro. La habilidad de los padres a la hora de tomar las decisiones, a la hora de compartir decisiones con sus hijos, y a la hora de confiar en las decisiones que toman sus hijos, es la que aporta la seguridad necesaria para que los niños maduren felices. El semáforo inteligente es una técnica muy útil para muchas familias.

Cuando un bebé nace todo está en la zona de control de los padres, los padres son los que deciden. Pero llega un momento en el que el niño empieza a querer ser protagonista, en el que precisa explorar el mundo. Anhela influir sobre su entorno, sondea su diferenciación. Su identidad se asoma al aprendizaje de cómo conseguir ciertos privilegios, y cómo evitar las situaciones que no le gustan.

De forma progresiva, conforme crece el niño, se disminuye el número de veces que se decide por él. Si no, se estanca, se infantiliza, no madura. Continuamente hay que preguntarse, “esto que estoy decidiendo, ¿podría decidirlo mi hijo?”.

Se toman decisiones para enseñar a tomar decisiones. Cuando son más pequeños se toman muchas decisiones, y cuando son mayores se deberán tomar menos. La familia inteligente es aquella que diferencia tres situaciones:

ROJOCuando el adulto decide que el menor no puede tomar decisiones ya que puede poner en peligro el bienestar de alguna persona, sobre todo la suya. Es algo que no se puede tolerar ni aceptar. Es la manera de ejercer una autoridad, trabajada y con prestigio, con empatía, teniendo en cuenta la postura y la opinión del otro. Es una situación donde no cabe la negociación. Es un NO. Y los NO son innegociables.

AMARILLOCuando el adulto decide que el hijo puede tomar decisiones con unas determinadas condiciones, consensuadas por ambas partes, pero dirigidas por los padres. El control de la situación se puede y debe compartir. Tanto el adulto como el menor pueden tomar decisiones. Se lanzan compromisos a los hijos, y se confía y respeta su toma de decisiones. Es una situación negociable, donde se tiene que llegar a compromisos, con una visión cooperativa buscando que ambas partes ganen algo. Desde diferentes puntos de vista se llega a un acuerdo, de manera proporcional. Y la decisión final tiene que ser del hijo.

VERDECuando el hijo puede tomar decisiones por sí mismo. El control de la situación y la responsabilidad es totalmente del hijo. El niño toma decisiones que afectan a su proyecto de vida, no a la de sus padres. Digan lo que digan los adultos, los niños son los que deciden en último término. Los padres aprenden a acompañar, a ponerse detrás en su viaje, a estar disponibles cuando el hijo (no los padres) lo crea conveniente, a mostrar confianza cuando tiene que decidir y, muy importante, que perciba que se respeta esas decisiones.

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